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El reciclaje olímpico en Tokio

Por: Jade Melissa Mora Sarmiento

Quienes han tenido la fortuna de ver lo que se lleva de los Juegos Olímpicos en Tokio 2020, a pesar de ser ya 2021, deben estar muy satisfechos por el espectáculo brindado por todos y cada uno de los atletas (de un total de 11,000 participantes) en cualquiera de las disciplinas presentadas, desde las clásicas como los 100 metros planos, el triatlón, el box, la natación, el judo, hasta las más recientemente incluidas, como el karate, el surf, el baloncesto 3x3 y el skateboarding (monopatinaje).

Sin embargo, también se tiene la sensación de que falta algo, que son distintos, que no saben a lo mismo, que emocionan pero no como antes. Sin duda son unos Juegos diferentes a cualquier otro organizado en el pasado, por culpa de una pandemia que, en Japón, azota con su cuarta ola a la población cuyo gobierno intensificó el proceso de vacunación y cuyos ciudadanos están espantados y han protestado en contra de Tokio 2020.

Los datos curiosos de Tokio 2020.
De entrada, el hecho de que se sigan llamando 2020, cuando se atrasó su realización hasta finales de julio de 2021. La respuesta tiene que ver con la inversión que el Comité Organizador y la ciudad de Tokio ya habían erogado en mercadotecnia y publicidad. Millones de productos con la leyenda Tokio 2020 que, de haberse tomado la decisión de cambiar a Tokio 2021, hubieran perdido todo su valor, tanto monetario como sentimental, que posiblemente hubiese dado paso a demandas y denuncias a nivel global, por aficionados que, con justa razón, habrían pedido la mercancía nueva o el reembolso de su dinero invertido, con pérdidas millonarias para organizadores, patrocinadores, marcas participantes, ¡vaya!, hasta para quienes se dedican al comercio informal en el rubro deportivo.

Pero los datos curiosos no se detienen ahí.

Tokio 2020 es la primera justa olímpica que estuvo a nada de ser cancelada. Y sí, ha habido ya 3 Juegos Olímpicos cancelados a lo largo de la historia moderna de los mismos, pero el motivo fue la guerra. Berlín 1916, Tokio 1940 y una sede que nunca se confirmó en 1944 fueron cancelados por motivo de la Primera y la Segunda Guerra Mundial. Tokio hubiera pasado a la historia como la única ciudad donde dos veces se cancelaron Juegos Olímpicos: el primero por guerra y el segundo por pandemia (siendo el primer país en hacerlo por motivos de un virus como el COVID-19).

Tokio 2020 se convirtió, ya, en la justa olímpica más costosa de la historia, con la mayor cantidad de disciplinas y atletas participantes. Además, es la primera que se enfoca a un público virtual, no presencial, pues se decidió por el Comité Organizador y la ciudad de Tokio que no se permitiría la llegada de público extranjero. Es la única que ha tenido que devolver el importe total de poco más de 600 mil boletos previamente vendidos y que se organiza en medio de un rebrote importante de la pandemia en el país organizador.

Tokio 2020 y su aporte en pro del medio ambiente.
La particularidad, a mi parecer, más importante de estos Juegos Olímpicos es la determinación de los organizadores de reciclar material en pro del medio ambiente, quedando como un ejemplo a seguir en las siguientes competencias, ya sean regionales, mundiales u olimpicas donde se otorguen medallas a los triunfadores.

Y es que uno de los mensajes más poderosos que ha lanzado el Comité Organizador es que se puede cuidar el ambiente sin perder, por este motivo, una tradición centenaria como lo es la de premiar a los 3 primeros lugares de cualquier competencia deportiva con medallas.

La mercadotecnia ecológica, que incluye el uso de vehículos impulsados con energía eléctrica para mover a los atletas, aficionados locales y prensa internacional, suma un hecho sin precedentes que descubre a un país que no se queda en el discurso vano, en las palabras huecas, sino que actúa en consecuencia desde 1972, con la firma de la Declaración sobre el Medio Ambiente de Estocolmo, Suiza.

Los compromisos en pro del medio ambiente.
La declaración de Estocolmo de 1972 es un antes y un después en los esfuerzos mundiales en pro del medio ambiente sano. Estableció 26 principios que buscan la racionalización en el uso de los recursos naturales, para beneficio de las generaciones presentes, pero también las futuras. Esto, a través de políticas ambientales (como las que se han implementado en Tokio 2020) que planifiquen su desarrollo, pero protegiendo al medio ambiente y preservando los recursos naturales.

Es 10 años después, en 1982, que la Organización de las Naciones Unidas elabora y proclama la Carta Mundial de la Naturaleza, estableciendo la necesidad de promover a nivel internacional la protección de nuestro medio ambiente.

En Río de Janeiro, en el vigésimo aniversario de la declaración de Estocolmo, se llevó a cabo la Cumbre de la Tierra, a la que 179 países acudieron y reconocieron la vida saludable y productiva en armonía con la naturaleza como un derecho humano que debe ser protegido y respetado.

En el año 2000 se celebró el Primer Foro Global del Medio Ambiente, donde se identificaron los retos que se tienen para el siglo XXI, en materia de protección al medio ambiente sano.

También existen el llamado Protocolo de Kyoto de 2005, el Acuerdo de Copenhague de 2009 y la Enmienda de Doha de 2012, con los que se busca detener la degradación del medio ambiente y el calentamiento global.

Las medallas ambientalistas de Tokio 2020.
En el año 2017, a través de un proyecto de mercadotecnia que incluyó a las autoridades de Tokio, al Comité Organizador y a compañías de negocios cuya filosofía se basa en el desarrollo sostenible, se logró involucrar a casi el 90 por ciento de las ciudades, pueblos y aldeas de todo Japón. La gente, al principio, participó poco, pero para 2019 se había superado la meta planteada, con la que se les convocó, como pueblo anfitrión de los Juegos Olímpicos, a ser parte de la historia.

¿De qué se trata esta exitosa iniciativa?

Se le bautizó como Proyecto Medalla Tokio 2020. Su simpleza magnifica su éxito en la participación desinteresada de miles y miles de japoneses que hicieron posible que las medallas de oro, plata y bronce, oficiales para los Juegos Olímpicos, estén elaboradas de material de reciclaje de dispositivos electrónicos, como computadoras, tablets o teléfonos celulares, en desuso.

Tomemos en cuenta que cada medalla de primer lugar está compuesta de 6 gramos de oro puro, con 92.5% de plata y 6% de cobre, con un valor de mercado de 11 mil 925 pesos mexicanos. Por su parte, las medallas de segundo lugar son casi en su totalidad de plata pura y solo un 8 por ciento es cobre, con un valor de casi 7 mil pesos. La medalla de tercer lugar es 97 por ciento cobre y solo un 3 por ciento de zinc, con un precio de 60 pesos.

Al final, los japoneses respondieron y vaya que lo lograron. Casi 79 mil toneladas de computadoras y tablets y poco más de 6 millones de celulares desechados llegaron a las empresas involucradas en el proyecto que, tras el trabajo de extracción de materiales preciosos, lograron rescatar 32 kilos de oro puro, 3.5 kilos de plata y 2.2 kilos de bronce, con lo que pudieron crear alrededor de 5 mil medallas olímpicas.

El éxito mercadológico de la colaboración japonesa.
Así que, cuando vea usted que los atletas se ponen orgullosos sus preseas, tocándolas, besándolas y enseñándolas al mundo con una alegría desbordante, sonría usted también, así como yo lo hago, al saber que no se explotó a nadie, no se contaminó la tierra, el aire o el agua y no se destruyó algún sitio, hogar de plantas y animales que, de esta forma, salvaron su hábitat de ser destruído para beneficio humano.

Bien por Japón. Bien por la mercadotecnia que se basa en la sostenibilidad y la protección ambiental. Bien por el pueblo, que respondió a la campaña y entregó los bienes necesarios para la consecución del objetivo planteado. Trabajo colaborativo en pro de nuestro planeta y de nosotros mismos.

Ojalá que el ejemplo de Tokio 2020 se replique en el futuro de las competencias deportivas, artísticas y culturales. Es por el bien de todos.

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